Michael Maldonado
Placida
Saavedra miro aquel cuarto solitario, vació, oscuro, la
miro fijamente, mientras sus ojos se llenaban de lagrimas, los goznes de la
puerta no dejaba de sonar, se sentó como pudo en una silla apolillada por la
miseria de la indiferencia, se toco su cara labrada de arrugas, su cabello
encanecido por el paso otoñal de los años, dibujaba una imagen de extraña
ternura, entonces ella, no había envejecido tanto, cuando recordó aquel
cuadro de imágenes vivas….



